¿Qué es la madre del vinagre?

En general, cuando queremos hacer vinagre, no tenemos más que abrir la botella de vino a acetificar y dejarla descubierta, procurando mantenerla aireada. Pero, ¿en cuánto tiempo conseguimos transformar el vino en vinagre?

Acetificación: los inicios son difíciles

Y es que, aunque vino “se pique” fácilmente, producir vinagre es una tarea ardua para las bacterias acéticas. Hay muy poquita población y para iniciar una acetificación espontánea, sin ayuda de inóculos, estas bacterias tienen que producir una estructura compleja en la superficie del vino: la madre.

La madre: estructura bacteriana

Como bien sabéis, las bacterias acéticas requieren oxígeno para la acetificación. Dentro del vino hay poca concentración de oxígeno y por ello estas bacterias tienden a hacia la superficie (son móviles). Sin embargo, mantenerse ahí es complicado para ellas y han ideado una estrategia para mantenerse “a flote”.

Una vez en la superficie, las bacterias acéticas producen celulosa que se acumula, flotando encima del vino en acetificación. Después de un tiempo, gracias a la producción de celulosa de toda la comunidad acética, se crea una malla, donde quedan embebidas las bacterias. 

Así, las bacterias están en contacto con el aire, de donde toman O2 y sumergidas en vino, de donde toman etanol para su oxidación y obtención de energía.

¿Y si no se forma madre?

Siempre puede ocurrir que la población microbiana en un cierto recipiente no sea suficiente para iniciar el proceso. En estos casos, no hay nada mejor que airear un poco el vino e introducir un trocito de madre de un recipiente en el que sí se haya formado. ¡Veras que rápido crece y se inicia la acetificación!

Como habéis podido leer, el proceso de acetificación, al requerir de O2 difiere un poco de la fermentación alcohólica y la fermentación maloláctica, donde las levaduras y bacterias, realizan la fermentación sumergidas en el mosto/vino.

¿Os pica la curiosidad?

Tomad un vino, cuanto más natural mejor (el SO2 retrasa o puede dificultar el proceso), aireadlo y dejadlo reposar en un recipiente que permita que el vino adquiera gran superficie de contacto con el aire. ¡A ver qué pasa!

¿Cuándo recogemos las manzanas?: sidra y maduración de la manzana

Seguimos profundizando en el mundo de la sidra. Esta vez, analizamos una etapa vital para la cosecha de cualquier fruto: la maduración. Como vimos en la maduración de la uva, la manzana sigue un proceso similar que vamos a ampliar en esta entrada.

Maduración fisiológica y organoléptica

La maduración del fruto es una etapa crítica, donde se dan los cambios fisiológicos, que determinarán las características finales del fermentado. Se distinguen dos etapas de maduración:

  1. Madurez fisiológica: la fruta está formada, tiene todas las células y semillas preparadas.
  2. Madurez organoléptica: se producen cambios a otro nivel, de consistencia, color, etc., que no tiene que ver directamente con la maduración fisiológica.

A continuación nos centraremos en la madurez fisiológica que es la más importante en estos frutos, ya que al tratarse de frutas climatéricas, la madurez organoléptica la pueden alcanzar fuera de la planta, una vez han sido cosechadas.

Etapas de maduración fisiológica de la manzana

El proceso de maduración del fruto, hace que el fruto se enriquezca en azúcares simples (fructosa, sacarosa, glucosa…) y el contenido de almidón decrezca en pro de estos azúcares simples. En el caso de la sidra de pera, cabe destacar que las peras tienen un alto contenido en azúcares no fermentables, entre los que destaca el sorbitol. Es por ello, que la sidra de pera es más dulce que la sidra de manzana.

Parte de los nutrientes que el fruto recibe de la planta se acumulan en forma de almidón y ácido málico, aumentando la acidez del fruto. Sin embargo, en las últimas etapas de maduración el almidón es degradado a azúcares simples, así como el malato se transforma en azúcares, rebajando la acidez del fruto.

Metabolitos secundarios tales como los polifenoles, nitrógeno, pectinas, compuestos volátilesmás relacionados con la madurez organoléptica, aumentan en el punto óptimo de maduración: el momento de la recolección.

¿Cuando recogemos la cosecha?

La recolección se efectuará en un punto de maduración organoléptica cercano al óptimo caracterizado por un nivel de almidón cercano a 2,0 (test Lugol). Una vez recolectadas, cuando el fruto alcance el nivel 1 de almidón, será el momento de la transformación y procesado de la materia prima.

Adecuación y maduración organoléptica

Las diferentes variedades de manzana y peras maduran en diferentes momentos, por lo tanto, no todas las variedades se cosechan al mismo tiempo. Las manzanas y peras, a menudo se cosechan sacudiendo los árboles, donde las frutas maduras caen en una hoja o malla de plástico.

Las manzanas, a veces se quedan durante una semana más o menos extendidas en los estantes en un cuarto oscuro, para que se desarrolle la madurez organoléptica, es decir, para que se formen componentes aromáticos y se suavicen las manzanas. Además, con ello se facilita el prensado.

Como habéis visto, la maduración de la manzana es sustancialmente diferente a la de la uva en un aspecto: la maduración organoléptica. La manzana es un fruto climatérico y la uva no. Aún siendo frutos distintos que dan lugar a productos muy diferentes, la decisión de cosecha es igual de importante para elaborar productos de calidad.




¿Cuándo aparecieron las barricas en la elaboración del vino?

Actualmente estamos muy familiarizados con las barricas de madera, concretamente roble, utilizadas en la elaboración del vino. Pero, ¿por qué?

Origen de las barricas

Si pensamos en el inicio de la cultura vinícola, tenemos que pensar en el Imperio Romano. En aquella época, el vino era un bien muy preciado. Pero, ¿utilizaban barricas para almacenar sus caldos? ¡No, eso es de bárbaros!”, podría haber sido la respuesta de un paisano romano de la época. Ellos impusieron el sistema de ánforas para el almacenamiento y transporte del vino en todo el Imperio.

Sin embargo, los galos continuaron utilizando un sistema de almacenaje en toneles de madera para sus cervezas y otros brebajes, herencia de la cultura celta. Así, en el siglo I convivieron los dos sistemas de ánforas y toneles.

Contra todo pronóstico, los romanos finalmente aceptaron el sistema bárbaro de los toneles de madera. ¿Por qué? Porque muchos de los vinos que allí habían permanecido, presentaban mejoras en sus atributos, nuevos aromas y sabores, mayor corpulencia… Cabe destacar que los vinos de aquella época para nada se acercan a nuestro concepto actual de vino. En cualquier caso, los contemporáneos apreciaron mejoras en los caldos tras haber pasado por estos toneles.

Así pues, las barricas no sólo se convirtieron en un sistema de almacenaje, si no que se incorporaron a la dinámica de elaboración del vino.

Revolución en el transporte

Adoptar el sistema de toneles y adaptarlo a la elaboración del vino, supuso una gran transformación en la industria vitícola. La forma de una barrica la hace muchísimo más fácil de transportar. Una barrica bien cerrada, con un simple empujón, comienza a rodar, ¡qué más se puede pedir! Imagina transportar 225L (capacidad de la típica barrica bordelesa) en ánforas, sí, en plural…

Y no sólo eso. Además del transporte, también facilitó el almacenaje. Pudiendo apilar unas cuantas barricas, unas encima de otras, simplemente con la ayuda de cuñas de madera.

Barricas y barcos

Las barricas, o toneles en aquella época, llenos de vino eran transportados en barcos. No tenemos que olvidar que el comercio marítimo marcó un antes y un después en las relaciones comerciales.

Todos tenemos muy claro el significado de bodega como lugar donde se elaboran. ¿Y en un barco? También existe una bodega. En este contexto la bodega hace referencia a la zona del barco donde se almacena la mercancía. Además, todos los barcos tienen una capacidad máxima de mercancía, denominada tonelaje, que tiene su origen en la capacidad del barco de almacenar toneles.

¡Ya habéis aprendido una curiosidad más! Ahora a demostrar a vuestros amigos lo entendidos que sois en el tema.




¿Has probado el vino caliente, Glögg o Glühwein…?

Las navidades siempre invitan a recuperar tradiciones y sabores de toda la vida. Un ejemplo de esto es el vino caliente. En el norte de Europa, desde comienzos de noviembre, cuando se montan ya los primeros mercados navideños, es típico encontrar puestos de este peculiar brebaje.

Mercado navideño en Copenhague

¿Qué es?

Se trata de un vino infusionado con diferentes especias aderezado con un destilado y azúcar. Típicamente se elabora a partir de vino tinto, aunque en algunos países también se puede encontrar elaborado con vino blanco.

Ejemplo de los ingredientes del vino caliente

En un recipiente se añade el vino y se calienta, prestando especial atención a que la mezcla no llegue a ebullición. Dependiendo del país y gusto, se añaden distintas especias y piel de naranja o limón. En general, los ingredientes base son canela, cáscara de naranja y anís, a partir de ahí, todo lo que tú quieras. Finalmente se añade azúcar al gusto y se sirve caliente.

Habitualmente en los establecimientos, se sirve previamente colado, ya que después de la maceración con los ingredientes, quedan gran cantidad de sólidos en suspensión.

El glögg tradicional escandinavo tiene un marcado perfil de clavo y jengibre y se sirve con pasas y almendras.

¿De dónde viene?

Probando el gløgg en Copenhague

El consumo de esta bebida navideña es típica de gran cantidad de países europeos, con sus peculiares variaciones en la receta. Entre los países consumidores encontramos Austria, Noruega (gløgg), Suecia (glögg), Dinamarca (gløgg), Finlandia (glögi), Alemania (glühwein), Reino Unido (mulled wine), Francia (vin chaud), España y un largo etc.

En cuanto a su origen, parece situarse en el siglo XIX en Escandinavia o Alemania. Dependiendo de la fuente en la que busques la información, el origen varía, pero no así la fecha de aparición.

¿A qué sabe?

Bueno, antes de nada, tienes que tener en cuenta que está caliente. ¡Cuidado! Espera un poco y prueba a darle un sorbito.

Lo primero que te viene a la cabeza es que huele mucho a canela y, si estás tomando un glögg escandinavo, notarás también el jengibre. Tras esos aromas, encontrarás el olor alcohólico del vino y del destilado, bastante potenciado por la elevada temperatura del brebaje. Y si prestas atención, notarás las notas cítricas de las cáscaras de naranja o limón.

En boca, se acentuará más el aroma a canela y si paseas el vino caliente por tu boca, comenzarás a notar la astringencia (muy atenuada por las características de la bebida). También, sentirás el dulzor en la punta de la lengua y la acidez en los laterales. Suele ser un vino bastante ligero ya que se utilizan vinos jóvenes (y baratos) para su elaboración.

Finalmente, al tragar notarás un posgusto bastante alcohólico y un marcado carácter cítrico.

Glühwein embotellado en su característica botella en un mercado de Alemania

Y, con fines solidarios…

Es muy habitual, al menos en el norte de España, que los bares ofrezcan este vino caliente sin ánimo de lucro. Se sirve el vino a cambio de la voluntad y la recaudación va destinada a fines solidarios.

Así que, ¿por qué no probarlo?




Aceto Balsamico Tradizionale di Modena

Viñedo destinado a la elaboración de Aceto Balsamico Tradizionale di Modena

Estoy seguro que conocéis el vinagre de Modena o Aceto Balsamico di Modena. Pero, ¿sabéis qué es el Aceto Balsamico Tradizionale?  No tiene nada que ver con el vinagre de Modena al que estamos acostumbrados. Se elabora al norte de Italia, en Reggio Emilia y Modena y tiene como característica se utiliza mosto cocido.

Además de un producto delicatessen, se trata de una tradición muy arraigada en la zona. De hecho, las barricas en las que se elabora eran parte de la dote que se regalaba en las bodas.

Recipiente donde se realiza el mosto cotto

El primer paso principal es una cocción. Se concentra el nivel de azúcar que hay, prácticamente al doble. El mosto se concentra de unos 130 g/L de azúcar a más de 200 g/L.  Se busca evaporación, concentración y reacciones de Maillard. Todo hace que coja color a caramelo. Tradicionalmente esta cocción se realiza a fuego lento sin llegar a ebullición. ¿El resultado? Se obtiene el mosto cotto (mosto cocido).

El proceso de cocción es determinante. Se ha de hacer bien porque se tiene que mantener la relación entre glucosa-fructosa. Uno de los problemas de los aceto balsámico es que la glucosa precipite en forma de cristal. Además, ha de estar en continuo movimiento para que éste no se queme.

Tina de madera donde se realiza la fermentación alcohólica

Una vez tenemos el mosto cotto, se pasa a fermentarLa fermentación se realiza por levaduras en tinas de madera. Sin embargo, las condiciones particulares de esta elaboración requieren de levaduras resistentes al estrés osmótico que genera esa gran concentración de azúcar. Así, la levadura principal de esta fermentación pertenecerán al género Zygosaccharomyces, en vez de las típicas Saccharomyces. Esto se debe a que Zygosaccharomyces es una levadura osmófila (microorganismo adaptado al estrés osmótico).

Se fermenta hasta tener un 5-7% de etanol, es el mínimo para que se tenga el mínimo de acético en el vinagre. Una vez se obtiene ese grado alcohólico, se procede a la acetificación.

Los agentes responsables de la acetificación son las bacterias acéticas. Éstas tienen unos requerimientos nutricionales muy estrictos, entre los que destaca el O2 (desplazado por el CO2 durante la fermentación alcohólica).

Una vez fermentado, el vino resultante se introduce en barricas de madera. Una vez allí, para arrancar la acetificación, se adiciona la madre de vinagre. Lo que hace que el acético suba para iniciar la acetificación y parar la fermentación alcohólica, para promover el metabolismo de las bacterias acéticas.

Una vez acetificado, se realiza el envejecimiento. Se envejece en una batería de barricas de diferentes maderas de volumen decreciente. Mínimo 5 barricas de enebro, roble, castaño, cerezo, fresno, morera…Se suele empezar con barricas de 60L, luego 45L…

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Ejemplo de una batería de barricas de envejecimiento de Aceto Balsamico Tradizionale di Modena

Y aquí empieza la magia. Lo que se hace es que se llenan todas 4/5 partes de las barricas y  se dejan ahí un año reposar. Esta batería de barricas se dispone en el ático de las casas, donde no hay control de temperatura. Durante el verano se produce evaporación, y como consecuencia, concentración de compuestos. Y, en invierno el vinagre se enfría, se favorece la floculación de turbios, sedimentan y como resultado, el vinagre se limpia.

Una vez al año hacen el rincalzo. Se observa cuánto ha disminuido el volumen de la barrica más pequeña y se llena hasta llegar al nivel inicial con el vinagre de la segunda barrica más pequeña (4/5 partes del volumen total). La segunda se rellena con la tercera… Hasta llegar a la última y más grande que se rellena con el mosto cotto fermentado de ese año.

Esquema de producción y rendimientos de Aceto Balsamico Tradizionale di Modena

El pliego de condiciones de la D.O.P. Aceto Balsamico Tradizionale di Modena establece un mínimo de 12 años hasta que el vinagre resultante de la barrica pequeña se puede comercializar. Así, a partir del décimo segundo año, se puede retirar vinagre de esta barrica pequeña, que a su vez se rellena con la segunda barrica para compensar las mermas del invierno y el vinagre sustraído para su embotellado.

Como podréis imaginar, las mermas en el vinagre debidas a la evaporación del verano resultan en una disminución del rendimiento de producción. Así, de 100 kg de uva se obtienen 3L de Aceto Balsamico Tradizionale. Lo que, por supuesto, justifica el altísimo coste de adquisición de este producto.




La sidra: introducción

La sidra es una bebida alcohólica típica de la cultura europea proveniente de la fermentación de la manzana. Además, este brebaje se puede encontrar también en países que fueron influenciados por estas culturas como América y Canadá. También cabe destacar la tradición del consumo de esta bebida en el norte de España (Asturias y País Vasco), la península de Bretaña y Normandía.

Para su elaboración se parte de las frutas maduras que se muelen, se prensan y el jugo extraído se fermenta durante aproximadamente cinco meses, para luego embotellarlo. La bebida fermentada resultante presenta un contenido alcohólico de entre 4º y 8º.

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Diagrama de flujo simplificado del proceso de elaboración de la sidra

El origen de la sidra se desconoce con exactitud, pero lo que sí está claro es que su origen se remonta a la introducción del manzano en las zonas de producción. Algunos autores afirman que la sidra (o algún brebaje previo a la sidra) ya era conocida por los hebreos, los egipcios y los griegos, pero no es hasta los escritos romanos cuando se tienen documentos que nombra esta bebida. Los textos romanos hablan de bebidas turbias de manzana que se consumían en los territorios conquistados del Imperio Romano. Algo curioso es que los romanos denominaban sidra a todas las bebidas fermentadas frutales, distinguiéndose la sidra de uva, sidra de manzana y sidra de pera, entre otros. Sin embargo, la sidra de uva, por resultar más aceptada cambió su denominación a vino.

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Toneles de madera de castaño de un llagar tradicional.

La recolección se efectuará en un punto de maduración organoléptica cercano a la óptima. Una vez cosechada, la manzana sigue madurando hasta que se alcanza la madurez organoléptica óptima, que será el momento de la transformación de la materia prima.

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Botella de Sidra Asturiana D.O.P.

Previo a la transformación se debe realizar una mezcla de diferentes variedades de manzana para obtener un mosto equilibrado. La clasificación de las variedades se realiza en base al porcentaje de compuestos fenólicos y acidez total, distinguiéndose las manzanas ácidas, semiácidas, dulces, dulce-amargas y amargas, cuyas proporciones para la obtención de un mosto adecuado están ya estudiadas y establecidas.

Durante el proceso de fermentación de la sidra, la manzana debe sufrir una gran cantidad de transformaciones bioquímicas, siendo los dos bioprocesos principales: la fermentación alcohólica y la fermentación maloláctica.




Vinos de hielo o ice wines

Quizás no hayáis oído hablar de este tipo de vinos tan especiales. Y no, no son vinos que se sirven con hielo, ¡eso NUNCA!

¿Qué son los icewine?

Los vinos de hielo (o ice wine, en inglés) son unos vinos muy especiales que se elaboran en zonas frías, típicamente en Canadá, Francia, Alemania, Austria y Hungría. Se trata de una tipología de vinos especial, son vinos dulces naturales (su gran cantidad de azúcares residuales son de origen natural, no se han adicionado de manera externa).

¿Cómo se elaboran?

Los vinos de hielo se elaboran a partir de racimos de uvas cuidadosamente seleccionados. Se recogen en invierno, después de varios meses de alcanzar su madurez tecnológica con lo que se consigue que se acumulen más azúcares. La vendimia es manual y se realiza normalmente en la primera helada, donde se alcanzan temperaturas bajo cero.

Bajo estas condiciones, se consigue que parte del contenido acuoso de la baya se expanda (el hielo ocupa más volumen que el agua), rompa la baya y se congele en el exterior. Gracias a esto la concentración de azúcares en el interior de la baya aumenta más.

Mediante un prensado delicado, se consigue un mosto con un contenido en azúcares muy concentrado. Este tipo de mostos tan concentrados suelen presentar problemas de fermentación espontánea. Por ello, es habitual inocular levaduras seleccionadas para realizar la fermentación.

La fermentación de este mosto tan concentrado es lenta y puede extenderse más de dos meses. El largo periodo fermentativo se puede realizar en barricas de roble, donde el producto va adquiriendo atributos de vinos envejecidos en barrica. Cuando se alcanza el grado alcohólico deseado, se detiene la fermentación por enfriamiento, lo que nos dará un vino con mucho azúcar residual.

¿Qué características presentan los icewine?

Estos vinos alcanzan poca graduación alcohólica, entre 9-13%. Típicamente, se elaboran a partir de uvas blancas, como el Riesling y Gewürztraminer. También, se utilizan otras variedades como Vidal, Cabernet Franc, Cabernet Suavignon y el Chardonnay. Todas estas variedades se caracterizan por ser aromáticas, resistentes a enfermedades, con piel dura y acidez elevada.

Los vinos de hielo blancos son dorados pálidos, con gran dulzor y perfil aromático de frutas tropicales, con notas de miel y cítricos. Se recomienda servirlos bien fríos, 7-9ºC, para que el dulzor no se imponga al resto de atributos de este vino. Ideales para un aperitivo o postres, su gran cantidad de azúcar no los hace aptos para el consumo en comidas, debido a que pueden enmascarar los sabores de las mismas.

Todas sus propiedades los hacen muy apetecibles, todo menos su elevado precio. Esta particularidad se justifica con la gran apuesta que hace el enólogo dejando esos racimos a la intemperie durante meses, expuestos a enfermedades, comprometiendo el rendimiento económico de la materia prima.

Más allá de los icewine…

Actualmente, gracias a los avances tecnológicos, este tipo de vinos se pueden elaborar en zonas más cálidas, como en España (D.O. Penedes, D.O. Rueda, D.O. Ribeiro…). Las uvas se congelan artificialmente con nitrógeno líquido, produciendo un efecto análogo al de la helada natural. Estos vinos son más asequibles al bolsillo que los tradicionales vinos de hielo ya que no hacen una apuesta de materia prima tan arriesgada. Se podría decir que estos son “los primos menos arriesgados y más baratos” de los verdaderos vinos de hielo. Ejemplo de esto son los vinos dulces de hielo, producidos por Gramona en la D.O. Penedes (imagen de cabecera).

¡Disfrutad de lo mejor del invierno!