Oler o no oler: el umbral de percepción

El umbral de percepción se define como la cantidad mínima de sustancia necesaria para ser detectada por un organismo. En el caso concreto de la cata de un vino y centrándonos en la fase olfativa, el umbral de percepción de un compuesto es la concentración mínima de la sustancia capaz de estimular las neuronas olfativas y enviar una señal al cerebro. Por supuesto, para que una molécula pueda ser detectada por una neurona olfativa, ha de ser volátil.

El umbral de percepción olfativo es diferente para cada molécula

Cada molécula presenta un umbral olfativo distinto, alto, medio o bajo. Esto hace que de toda la complejidad química presente en el vino, únicamente podamos llegar a percibir unas 50-60 sustancias volátiles.

Así pues, el hecho de detectar un determinado compuesto volátil depende de: (1) la concentración de la molécula en cuestión y (2) del umbral olfativo de la persona que lo pretende detectar.

Como imaginaréis, la concentración de ciertos compuestos es muy variable y teniendo en cuenta que prácticamente el 1% del vino (el resto es agua y etanol) determina el perfil organoléptico, el umbral olfativo juega un papel fundamental en la percepción de los aromas y olores.

Para que os hagáis una idea, el furfural (cuyo descriptor aromático es el caramelo, notas de típicas maderas muy tostadas) tiene un umbral de 3000 µg/L mientras que el octanoato de etilo (frutal y fresco) lo tiene de 8 µg/L. ¿Qué quiere decir esto? Que se requiere mucha más concentración de furfural para ser detectada por la nariz humana.

La concentración de la sustancia también es importante

Por muy bajo que tengamos el umbral olfativo, si no hay suficiente concentración de ese odorante, no lo podremos percibir. Siguiendo con el ejemplo anterior, la concentración típica del octanoato de etilo es de 630 µg/L y la del furfural de 100 µg/L.

Por tanto, en condiciones normales no seremos capaces de percibir el furfural a no ser que lleguemos a su elevado umbral olfativo.

La interacción entre compuestos modifica el umbral olfativo

Tenemos que recordar que el vino es una matriz compleja. Es por ello que la presencia de alguna molécula puede tener un efecto sinérgico o antagónico en su percepción. Por ejemplo, la presencia de TCA enmascara totalmente la percepción de otras moléculas odorantes. Los receptores olfativos únicamente son capaces de detectar el TCA, se saturan y no pueden detectar otras sustancias.

El umbral de percepción varía entre las personas

Así es, no todos tenemos la misma afinidad por según qué odorantes. Dependiendo de la molécula volátil y el individuo presentará un umbral superior o inferior. En general, se dice que las mujeres presentan un umbral de percepción más bajo que los hombres.

Sin embargo, no hay que preocuparse. Con entrenamiento, los umbrales de percepción pueden disminuir significativamente. Esto se hace especialmente crítico cuando se establece un panel de cata. De nada sirve tener un catador con umbrales muy bajos si el resto presenta un umbral superior. Por ello el entrenamiento de los catadores es crítico para que (1) los umbrales sean similares y (2) que los catadores describan un mismo descriptor aromático para un determinado estímulo. Así se consigue que los participantes del panel den una respuesta homogénea ante un estímulo concreto.

 



¡Este vino huele a corcho!: el TCA

Estoy seguro que en algún momento habéis oido hablar del olor a corcho. Un síntoma de que el vino no se encuentra en perfectas condiciones. Pero, ¿a qué se debe ese olor?, ¿de dónde proviene?

Origen del olor a corcho

Habitualmente, las botellas de vino se cierran con tapones de corcho. Este tapón se fabrica a partir de corteza del corcho (Quercus suber L.). Así como las uvas presentan su microbiota propia, la corteza del corcho también. En este caso, nos interesaría obtener un tapón sin microbiota que pudiese modificar el vino que va a encerrar en su interior.

La presencia de ciertos hongos filamentosos, más conocidos como mohos, pone en peligro la calidad del vino. El metabolismo de muchos de estos mohos producen olores a moho y humedad, indeseables en el vino. Así, un tapón de corcho contaminado con mohos puede producir este defecto de olor a corcho.

Este defecto es uno de los problemas más importantes de la industria corchera y vitivinícola ya que ocasiona pérdidas económicas anualmente y daña la imagen de las bodegas. Aunque se trate de un defecto de incidencia menor, este defecto puede encontrarse en el 1-5% de los tapones de corcho producidos.

Planchas de corcho secando antes de su transformación en tapones.

¿Qué es el olor a corcho?

El olor a corcho puede deberse a distintos compuestos derivados de la actividad metabólica de los hongos infectantes. En general, estos compuestos son cloroanisoles, siendo la molécula con mayor incidencia el TCA, el tricloroanisol. Este conjunto de moléculas es responsable de al menos el 80% de los casos de olor a corcho.

Curiosamente, no se sabe mucho sobre las vías de producción de estos compuestos, aún siendo responsables de pérdidas económicas y daño importante a la imagen de los elaboradores.

¿Por qué es un defecto común?

El TCA es una molécula odorante y como tal tiene un umbral de percepción. Es este caso, el TCA presenta un umbral muy bajo, es decir, muy poca concentración puede ser detectada por la nariz humana.

Por ello, la misma presencia de esta molécula es detectada por la nariz humana y llega a enmascarar el resto de sustancias odorantes del vino. En cuanto a sensaciones táctiles en boca, el TCA no altera ningún atributo del vino, siendo imperceptible en boca.